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   Entrevista con Lierre Keith del 4 de Noviembre 2018  de ‘Directo Al Paladar’

Autor: Rodrigo Carlón Tamames, Master en Filosofía en el centro de investigación en filosofía europea moderna (CRMEP) de la Univ. de Kingston

https://www.directoalpaladar.com/cultura-gastronomica/desmontando-mito-vegetariano-dieta-vegana-se-basa-actividad-humana-letal-que-agricultura

En los diez años transcurridos desde la publicación de El Mito Vegetariano (traducido en 2018 al español, ediciones Capitán Swing), el contexto del debate alrededor de la carne ha cambiado significativamente en dos aspectos. Primero, el vegetarianismo y veganismo en occidente han crecido asombrosamente y de forma exponencial, estableciéndose como discurso más generalizado, cuando antes era excepcional y como poco peculiar sentándose a la mesa. El aumento de restaurantes vegetarianos y opciones veganas en el menú refleja este hecho. Segundo, la alarma ecologista ya suena en todos los sectores de la ciencia y en la sociedad de la razón, hasta encontrarnos a día de hoy en una legítima emergencia medioambiental. Titulares constantes nos advierten sobre la necesidad de actuación política y social para prevenir la subida de unos pocos grados en la temperatura que resultarán catastróficos.

La relación entre estos dos hechos no es casual – la decisión de abandonar el consumo de carne se debe en muchos casos a la conciencia sobre la magnitud de la industria cárnica y sus consecuencias sobre la Tierra. La cantidad de recursos naturales, desechos y gases emitidos por esta industria han crecido exponencialmente también en la última década. El número de cerdos criados en España sobrepasó el año pasado el número de humanos, y por varios millones – esto refleja una mayor demanda nacional e internacional de nuestro famoso embutido. Cuando antes se refería uno a Nueva Zelanda con el dato ‘hay más ovejas que personas,’ ya no hay que trasladar el asombro tan lejos, especialmente cuando la población allí es comparativamente tan reducida.

Por tanto, sea de carácter ‘tradicional,’ — véase la cría en el campo y la venta en mercados próximos –  o industrial y de comida rápida, el consumo de carne no se puede separar de este crecimiento exponencial. El debate hoy en día recae en la viabilidad de separar el consumo de carne de la actual crisis medioambiental y las repercusiones sociales que conlleva: los refugiados climáticos de lugares que se están convirtiendo rápidamente en inhabitables. La cuestión vegetariana también concierne el peso de la praxis individual o colectiva para resolver este problema, ya que se siempre dependerá de una gran voluntad social y de la acción política.

El ataque al vegetarianismo de Lierre Keith se ha convertido en una referencia en varios sectores y esto suscita interés. Su ensayo no falla en el reconocimiento de los valores que subyacen en esta práctica, que, como recuerda en su entrevista a Directo Al Paladar, son ‘la justicia y la sostenibilidad.’ Sin embargo, sugiere que librarnos de la carne no nos libra de una praxis cruenta, ya que la agricultura destruye una biodiversidad de flora, fitoplancton y bacterias esenciales que son arrasadas para nuestros cultivos. Su batalla se libra contra la agricultura en su misma existencia, y no en su forma actual, pues considera que está ligada ‘al imperialismo [el] militarismo y el comienzo de la esclavitud.’ Keith propone que al abandonar la vida del cazador-recolector, la humanidad comenzó con la práctica agrícola ‘esencialmente una guerra contra el mundo natural,’ mientras subraya el principio de que no hay una opción libre de muerte – para que algo viva, algo tiene que morir.

Esta lógica presenta al individuo en guerra constante contra el mundo, el acto de comer y subsistir como un acto imperialista, una especie de pesimismo schopenhauriano inamovible que es difícil reconciliar con el mesianismo del argumento anti-agrícola en este texto. Este argumento es impráctico como poco, ya que los vegetarianos no niegan esto. El debate a menudo recae en cómo mejorar la práctica agrícola – si terminar con los campos de soja para biofuel, o transformar los campos de cereales para alimentar a las vacas – ya que la agricultura responde a la razón instrumental en la supervivencia de la especie. Es impráctico por no decir imposible presentar hoy en día como solución, el regreso de las prácticas del cazador-recolector.

Lo problemático del texto de Lierre Keith es que presenta un enrevesado maelstrom contra el auge del discurso vegetariano que resulta equívoco: su argumento no es sobre el rechazo de la carne tanto como sobre el rechazo de la agricultura. En este aspecto se suma a un incipiente sector que critica el Neolítico por abandonar los hábitos del cazador-recolector, una revolución que permitió el aumento de la población y mayor tiempo libre para desarrollar otras actividades humanas. El problema se traslada de la dieta al crecimiento demográfico. Debatir esta cuestión presenta a menudo complejas políticas maltusianas de control poblacional, que en nuestro contexto actual, se centra en sociedades africanas y del sudeste asiático. Esto presta un aire eugenésico a las actuales políticas de control demográfico desde occidente, à la Bill-y-Melinda-Gates, ya que solo parece un problema el aumento de poblaciones racializadas que pueden luego inmigrar a países mayoritariamente blancos.

¿Cuál es el verdadero objetivo de estas prácticas? Amplios estudios sociológicos demuestran que la tasa de natalidad se reduce significativamente cuando las mujeres tienen acceso a la educación y el mercado laboral. Sin embargo la educación para mujeres en países en vías de desarrollo no se menciona en los argumentos de Keith y demás interesados en la cuestión demográfica.

Tanto en su marketing como en las entrevistas promocionales, El Mito Vegetariano se vende con un dato significativo, el de la crisis fisiológica de su autora después de veinte años como vegana. Este caso aparenta ser muy específico y no refleja otras opiniones generalizadas – la sociedad india presenta hábitos vegetarianos milenarios, y muchos nuevos adeptos a esta dieta notan una mejora física mientras se vigile el consumo de proteína así como la vitamina B12 y el Omega 3. En todo caso, más allá del veganismo, vigilar los elementos dietéticos es cada vez más común en una sociedad moderna de incipiente obesidad y problemas cardiovasculares.

El proyecto de Leirre Keith ataca el vegetarianismo por considerarlo radical, pero luego presenta soluciones más radicales como el abandono de la vida urbana y  el regreso a las granjas. Las respuestas a los argumentos señalados revelan los problemas de este proyecto. Youtubers y ensayistas señalan las contradicciones de la conexión entre mejorar la salud consumiendo carne y el abandono de la agricultura. En el libre mercado de las ideas, es importante señalar el polemicismo que consigue ascender y captar mayor atención sabiendo que lo provocativo despierta las pasiones humanas.

Pero de hecho, el debate es complejo y delicado a medida que se hace más urgente. Un enfoque apropiado debe encontrar el equilibrio entre alimentar a la humanidad y proteger el ecosistema, siempre sin menospreciar el ancho de las vidas animales y humanas. ¿Cómo reproducir la vida humana en la tierra, sin sacrificar ni la humanidad ni la tierra? Las contribuciones radicales que ignoren el daño al medio ambiente y la realidad alimentaria de una sociedad urbana finalmente resultan insatisfactorias.

©D. Rodrigo Carlón Tamames

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